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sábado, 2 de julio de 2022

El hambre una de las peores amenazas…

Por: Laura Ximena Orjuela N.
Bogotá, 28 de junio de 2022. El desperdicio de alimentos constituye en promedio 1.300 millones de toneladas al año, de acuerdo a lo informado por la Organización de Alimentos y Agricultura -FAO-. Sin embargo, el número de personas que padecen hambre sigue en aumento. Las estimaciones actuales indican que el 8,9 % de la población mundial padece de hambre, es decir, cerca de 690 millones de personas. Se estima que esta cifra aumentará unos 10 millones de personas en un año y 60 millones en cinco años; si continúan estas tendencias, el número de personas afectadas por el hambre en 2030, superará los 840 millones de personas.

Este fenómeno se debe principalmente a los conflictos causados por los seres humanos, por el cambio climático y por las recesiones económicas, sin embargo, la pandemia del Covid-19 podría duplicar esa cifra y sumar unos 130 millones de personas más a finales de 2020. Por eso, es necesario actuar rápidamente para proporcionar alimentos y ayuda humanitaria a las regiones que corren más riesgos. Una de las acciones más urgentes se trata de un cambio profundo en el sistema agroalimentario mundial.

Lenyd Angélica Riaño, Coordinadora del Programa en Administración Hotelera y Gastronómica del Politécnico Grancolombiano analiza este panorama: “El mundo enfrenta en la actualidad un consumo de alimentos cada vez mayor debido al creciente número de personas que habitamos el planeta, sin darnos cuenta de que en poco tiempo no habrá suficiente comida para todos, en especial cuando estamos malgastando nuestros recursos naturales y destruyendo la tierra”.

Recalca la necesidad de una gastronomía sostenible, que celebra los ingredientes y productos de temporada y contribuye a la preservación de la vida silvestre y nuestras tradiciones culinarias, se hace más relevante que nunca. Parte de los cinco pilares de la ONU: disminución de residuos, uso racional de los recursos, producción sustentable, respeto por los productores de temporada y compromiso social para promover el comercio justo con productores y compradores.

En este mismo sentido trabajan la UNESCO y la FAO conjuntamente para su desarrollo, a través de acciones para promover la utilización de energía limpia en los restaurantes, espectáculos gastronómicos, exposiciones culturales, promoción de dietas ecológicas, entre otros. También han desarrollado un enfoque integrado para la sostenibilidad de la agricultura, la actividad forestal y la pesca.

La docente Riaño analiza las leyes existentes en Colombia en este sentido: “Se han generado leyes en torno a este tema pero que requieren de su adecuada difusión para que sean implementadas de manera correcta. Dos de ellas son la Ley 1920 de 2019 cuyo objetivo es evitar e desperdicio de alimentos en el país y se promueve la donación a organizaciones sin ánimo de lucro que atiende a población vulnerable; así mismo, la Ley 2144 de 2021, establece normas encaminadas a salvaguardar, fomentar y reconocer la gastronomía colombiana con objetivos claros como: empoderar a los productores de materias primas locales, sensibilizar a los productores sobre la conservación del medio ambiente y de su entorno, fomentar el consumo de productos saludables, crear una red turística de restaurantes y espacios abiertos que promuevan la gastronomía y los saberes tradicionales, entre otros”.

Más allá de la responsabilidad gubernamental y empresarial, es deber de todos encaminar acciones que desde la cotidianidad se apropien para contribuir en la generación de cambios inmediatos y permanentes, como reciclar, generar huertas caseras, conocer más acerca de los ingredientes locales, su forma de producción y usos, diferentes maneras de conservar los alimentos sin enfermarnos ni desperdiciarlos, etc., coadyuvando desde lo sostenible a satisfacer las necesidades actuales. protegiendo las necesidades futuras de las nuevas generaciones.

Fuente: Jefatura de Prensa de Poli.

Ajuste de contenido y diagramación: bersoahoy.co

viernes, 17 de junio de 2022

América Latina no es ajena a los riesgos de sequía

Por: Laura Ximena Orjuela
Bogotá, 17 de junio de 2022. – La escasez de agua en el mundo ya mantiene a unas 700 millones de personas en riesgo de desplazamiento en busca del vital líquido, advierte el analista Ramon Gabriel Aguilar, docente en Gestión Ambiental del Politécnico Grancolombiano.

Las Naciones Unidas establecieron el 17 de junio como el día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía en 1994, una jornada para concienciar a la humanidad sobre los devastadores efectos que estos dos fenómenos tienen en el medio ambiente y en la supervivencia humana.

Lamentablemente este día recuerda un éxodo masivo que provoca las áreas desérticas progresivas que aumentan cada año por la acción humana, la escasez de agua y la lucha por suelos fértiles que provocan conflictos sociales y desplazamiento en todo el mundo. Irónicamente enfatiza los resultados de los conflictos africanos y latinoamericanos por áreas de cultivo, por el agua y por el suelo cada vez más degradado por acciones antrópicas.

Ramon Gabriel Aguilar, Docente tecnología en Gestión Ambiental del Politécnico Grancolombiano, analiza el actual panorama de esta problemática que afecta a todo el mundo: “La desertificación degrada el potencial natural de los suelos especialmente cuando hay procesos de deforestación o perdida de la capa fértil. El suelo se empobrece, su productividad, biodiversidad y capacidad de regeneración disminuyen a ritmos alarmantes. Los factores climáticos y humanos como el sobrepastoreo, la sobreexplotación, la deforestación y los sistemas de riego insostenibles o perjudiciales para el medio ambiente contribuyen a este proceso tan alarmante que está incluido en la Agenda 2030 del Desarrollo Sostenible, dependen del hambre cero y del fin de la pobreza”.

Hace referencia a lo que sucede en los países menos desarrollados como África y América Latina, donde hay más éxodo por la desertificación, afirmando que se da principalmente por actividades mineras y destrucción de ecosistemas estratégicos claves para la sostenibilidad y resiliencia. “Cada vez es más común ver los animales desnutridos, territorios enteros contaminados con químicos con un olor nauseabundo por las aguas estancadas. Este es el caso de Zimbabue, donde el tantalio que consumimos en nuestros celulares es la desgracia de poblaciones en la esclavitud tecnológica y extracción de minerales raros”.

La deforestación por acción humana causa la desertificación y la erosión del suelo, se pierden elementos vitales como los minerales y los nutrientes necesarios para la fertilidad biótica. Sin estos, las personas no pueden cultivar, la gente pierde su base de producción agrícola, su fuente de alimentos e ingresos, incluso todo su medio de vida. La conservación de los recursos hídricos y la promoción de la agricultura y la silvicultura sostenibles en las zonas afectadas, son bases de la ley de acción climática, la ganadería sostenible y la preservación de los ecosistemas estratégicos.

Sin embargo, para el docente Aguilar, las estrategias sustentables por medio de los ODS están quedando cortas frente a la adversidad social, enajenada por la devastación de áreas fértiles, donde los ciclos naturales se ven cercados por la destrucción de ecosistemas estratégicos, como selvas húmedas, manglares, humedales y páramos.

Y es que los datos son muy preocupantes. Aproximadamente un tercio de las áreas protegidas son deforestadas para productos madereros y extracción de minerales. Millones de personas sufren las consecuencias ecológicas, económicas y sociales de la desertificación y la erosión del suelo. La desertificación está vinculada a la pobreza de los habitantes de las regiones afectadas, especialmente en América Latina y África. Para sobrevivir, las comunidades no tienen más remedio que sobreexplotar el suelo y muchas veces los alimentos están contaminados con metales pesados. La corrupción y la tenencia de la tierra hacen que zonas protegidas como ecosistemas estratégicos, sean destinados a la minería, pastoreo y monocultivos.

En Colombia las acciones deben ser concretas. La Ley de Acción Climática, articulada con la Agenda 2030 y los ODS, busca la descarbonización a 2050, reducir las emisiones por medio de políticas que controlen la deforestación y metas del país para el control de actividades contaminantes en los sectores como la minería, actividad pecuaria y agricultura intensiva. Otra ley del 2021 que marcará el seguimiento en la lucha contra la desertificación es la Política para la Ganadería Bovina Sostenible, que garantiza el control de los efectos de la actividad ganadera y la cohesiona con los sistemas de control nacional que buscan reducir la deforestación y la destrucción de zonas de importancia únicas en Colombia, como la política de control de la deforestación en áreas protegidas como zonas de parques naturales, santuarios de flora y fauna, área natural única, reserva natural y vía única.

“La resiliencia climática que los ecosistemas estratégicos afrontan frente a la acción humana será clave para detener el proceso de desertificación y sequía que estamos afrontando en los territorios. La ley de ‘áreas de vida’ que promueve la obligatoriedad para las empresas de sembrar especies endémicas para la restauración ecológica, serán insuficientes si no se controla la minería ilegal, los cultivos ilícitos y la deforestación”, agregó el docente Aguilar.

Fuente: Jefatura de Prensa POLI.

Ajuste de contenido y diagramación: bersoahoy.co

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